SNCF estrena vagón Optimum Plus sin menores de 12 años en TGV París–Lyon
SNCF ha estrenado este mes en sus trenes de alta velocidad un nuevo tipo de vagón de primera clase, denominado Optimum Plus, que prohíbe la presencia de menores de 12 años, según ha informado la propia compañía.
SNCF estrena en la ruta París–Lyon un vagón "Optimum Plus" ubicado en la parte final del tren y pensado para ofrecer un viaje tranquilo sin pasajeros menores de 12 años.
La oferta, que se aplica en determinados TGV de la línea París–Lyon, se presenta como un servicio “premium” orientado a viajeros de negocios o a quienes buscan una experiencia personalizada para trabajar o descansar. El operador ha precisado que el espacio estará disponible únicamente de lunes a viernes y ocupa un porcentaje reducido de la capacidad: el 8% de los asientos de la formación. De este modo, el 92% de los asientos entre semana —y el 100% los fines de semana— siguen abiertos a todo el público.
En el área Optimum Plus no se emiten billetes infantiles (hasta 11 años), una condición que la empresa afirma ya aplicar en su anterior oferta Business Première.
La decisión ha generado polémica. La alta comisionada de Francia para la infancia, Sarah El Haïry, calificó la medida de “impactante” y defendió que viajar con niños no es un problema que deba resolverse mediante exclusiones, sino una realidad que las autoridades y operadores deben apoyar. En las redes sociales han surgido reacciones contrapuestas: hay quien aplaude la posibilidad de viajar sin niños y quien reclama soluciones más inclusivas para las familias.
SNCF ha recordado además que sus TGV cuentan con zonas destinadas a familias y guarderías a bordo, y que su programa Junior & Compagnie recibe cada año a 300.000 menores. La empresa también indicó que muchas demandas de viajeros pedían desde hace tiempo vagones libres de niños en primera clase, y que la nueva oferta responde a esa demanda específica.
Entre las voces públicas y de usuarios citadas en la cobertura, hay quienes piden alternativas que integren mejor a las familias —como adaptar vagones con áreas de juego o facilitar el embarque— y quienes consideran que, tanto niños como adultos, pueden perturbar a otros pasajeros. Un joven de 26 años entrevistado dijo temer un “sentimiento anti-niños” en la sociedad y defendió que los menores deben aprender a comportarse viajando junto al resto de pasajeros; una madre de 43 años señaló que sus hijos han sido más respetuosos en desplazamientos que algunos adultos.
También han trascendido opiniones de lectores a favor del cambio: algunos expresaron que preferirían no compartir espacio con niños descontrolados y otra pasajera dijo que estaría dispuesta a pagar entre £10 y £15 extra por un trayecto largo para garantizar esa tranquilidad. Otra usuaria vio la medida con reservas, pero admitió que podría aliviar el estrés que sufren padres juzgados por el llanto o el movimiento de los niños durante un viaje.
La iniciativa de SNCF mantiene abierta la discusión pública sobre cómo equilibrar el derecho de las familias a viajar con las demandas de quienes buscan espacios más silenciosos en el transporte público.
