El obispo de Córdoba celebra una misa funeral por las víctimas de la tragedia presidida por el obispo de Córdoba, Jesús Fernández.
La imagen de la Virgen del Sol, patrona de la localidad, ha ocupado un lugar privilegiado en la Eucaristía portando un crespón negro.
La caseta municipal de Adamuz, repleta de público, ha acogido el funeral por las víctimas del accidente ferroviario, presidida por el obispo de Córdoba, Jesús Fernández y el obispo emérito, Demetrio Fernández, acompañados por una veintena de sacerdotes y ha reunido a representantes de distintos ámbitos de la provincia. A ella se han sumado representantes políticos y familiares de las víctimas y vecinos de la localidad que prestaron su ayuda desde el primer momento que tuvieron conocimiento del accidente.El obispo de Córdoba, Jesús Fernández, ha querido reconocer el apoyo y todo el esfuerzo dispensado por los vecinos de Adamuz en un momento de tanta confusión y tanto dolor y se ha referido a todas las fuerzas de seguridad, bomberos, sanitarios, protección civil y vecinos que en todo momento estuvieron prestando su apoyo a las víctimas, a los heridos y a sus familias en una situación tan triste. Durante la homilía, el obispo ha recordado esa noche “oscura y trágica en la que varios cientos de personas emprendieron un viaje en direcciones opuestas». “Cuarenta y cinco de ellas, nunca llegaron al destino buscado. Su trágica muerte llenó de dolor a sus familias y de consternación a toda España. Otras resultaron heridas de distinta gravedad», ha comenzado diciendo en su intervención recordando así a las personas que han visto truncadas sus vidas tras el accidente ferroviario.En el altar, el alcalde de Adamuz, Rafael Ángel Moreno, ha destacado que los adamuceños «venimos con el corazón herido», pero «también nos acompaña en este día la patrona de nuestro pueblo, nuestra madre, la Virgen del Sol», señalando que a ella acudieron la noche del accidente, «buscando fuerza y serenidad para ayudar a los pasajeros de los trenes accidentados», y a ella le ha pedido este día su «intercesión», para que «Cristo nos conceda consuelo y esperanza».
